Estructura · Septiembre 2026

Lo que un organigrama revela de una empresa

Casi ninguna empresa mediana tiene su organigrama al día. No por descuido: mientras la operación camina, nadie necesita el dibujo. El organigrama aparece cuando algo truena: se va una persona clave, baja el volumen, llega una auditoría, o hay que explicarle a un cliente quién responde por qué.

Y cuando por fin se dibuja, casi siempre incomoda. Porque el organigrama no inventa nada: solo pone en una hoja lo que ya estaba pasando. Estas son las cuatro cosas que más se repiten.

1. Hay más jefes de los que la operación necesita

Es el hallazgo más común y el más caro. Se cuentan los puestos de mando y coordinación contra el total de la plantilla, y aparece que uno de cada tres o cuatro trabajadores tiene gente a cargo. En un taller o una planta de este tamaño, lo sano es que los puestos indirectos anden entre el 25 y el 30 por ciento.

El síntoma que lo delata es el tramo de control: cuántas personas reportan a cada jefe. Si el promedio anda en dos o tres, no hay estructura, hay títulos. Un supervisor de producción debería traer entre seis y diez personas; con dos, lo que existe es un operador con nombramiento.

Cómo revisarlo en cinco minutos: divida el número de personas con reportes directos entre el total de la plantilla, y saque el promedio de subordinados por jefe. Si los indirectos pasan del 30 por ciento o el tramo promedio baja de cuatro, el sobrepeso está en la estructura, no en el piso.

2. Calidad le reporta a quien produce

Pasa casi siempre, y casi siempre sin mala intención: como calidad revisa lo que sale de producción, se acomoda debajo del gerente de producción por cercanía operativa. El problema aparece el día que hay que detener un embarque. Quien libera el producto termina pidiéndole permiso a quien tiene la presión de entregarlo.

Los auditores de sistemas de calidad no revisan la caja del organigrama, revisan la autoridad real: si el responsable de calidad puede parar un embarque sin autorización de producción, y a quién escala cuando lo hace. Si eso no está por escrito, es hallazgo, aunque el dibujo se vea bonito.

3. Hay puestos que nadie sabe explicar

Al dibujar aparecen cajas que existen por historia: alguien que quedó reportando a dirección porque así empezó hace ocho años, un puesto que se creó para retener a una persona, un nivel intermedio que solo pasa recados. La prueba es simple: pregunte qué decisión toma ese puesto que nadie más puede tomar. Si no hay respuesta clara, el puesto es un costo, no una función.

El caso contrario también se ve: funciones críticas que no tienen dueño. Nadie responde por el control de un proceso, por la liberación de un pago o por un trámite ante la autoridad, y todos suponen que alguien más lo lleva.

4. La estructura no distingue mando de apoyo

Mantenimiento con operadores de producción a su cargo, un despacho externo dibujado como si fuera una gerencia, o recursos humanos colgando de operaciones. Cada uno de esos casos mezcla dos cosas distintas: quién manda sobre el trabajo diario y quién da servicio a la organización.

La solución de siempre es la más vieja: las funciones de apoyo se dibujan como puestos staff, colgados del tronco, sin gente de operación a su cargo. Se ve distinto y se entiende distinto.

Qué hacer con lo que encuentre

El ejercicio rara vez toma más de una tarde, y suele contestar preguntas que llevaban meses dando vueltas.

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Nos leemos en la siguiente.
MBA. Lupita Roiba
Roiba Solutions · Hermosillo, Sonora

Lleva la contabilidad, la nómina y el comercio exterior de empresas medianas en Sonora. Lo que se publica aquí sale de esa operación: casos reales, sin nombres y sin teoría.